viernes, 14 de agosto de 2009

Vuelve a mí

Subgénero: Histórico (Siglo XIX)
Serie: Duvergier (1)
Protagonistas: Richard y Madelynn
Año de publicación: 2009

E─BOOK
Amazon Digital Services
Formato: Kindle
Tamaño del archivo: 366 KB
Longitud de impresión: 225
ASIN: B005FG605S

Smashwords (Barnes & Noble, iTunes, Sony Reader, Kobo, Diesel, Paypal)
Formato: Kindle, Epub, PDF, LRF, Palm Doc.
Palabras: 93403
ISBN: 9781476139340


IMPRESO
CreateSpace (y Amazon)
Tamaño: 6" x 9"
Páginas: 400
ISBN/EAN13: 1479321664 / 9781479321667




Madelynn Buckhurst es una joven tímida y triste. Huérfana desde niña, debe soportar los constantes maltratos de su abuelo, su tía y sus primas por cargar el estigma de ser una bastarda. Por eso, su vida se ilumina cuando el maravilloso Richard Arbuckle, marqués de Clarendon, pide su mano en matrimonio y con ello pone fin a una vida de humillaciones y dolor. Lo que Madelynn no sabe es que Richard no se casará con ella por amor. Cuando lo descubre toma una decisión radical: huir de él.
Richard no se quedará de brazos cruzados; la buscará y no se detendrá hasta recuperarla. Desde que la conoció se dijo que iba a retribuirle a la joven la bondad que él recibió de su madre tantos años atrás, sin importar que no haya amor, el agradecimiento será suficiente.
Durante la huida, Madelynn encontrará respuesta a muchos secretos relacionados con su origen y Richard admitirá que sus sentimientos son más profundos de lo que él cree. ¿Estarán a tiempo para volver a amarse, o las circunstancias y el pasado los separarán para siempre?

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Fragmento del capítulo 6
Madelynn se despertó porque una ráfaga de aire helado le recorrió la piel desnuda. Abrió los ojos y buscó la manta para cubrirse, pero dejó a de lado el propósito cuando vio que Richard no estaba a su lado.
Aún era de noche y faltaba mucho para amanecer. ¿Habría ido a su habitación? Nunca antes la había abandonado, siempre que despertaba estaba allí con ella. Tal vez después de su romántico interludio de unos momentos atrás había querido estar solo. Y aunque Madelynn se sintió triste por la decisión, sabía que así sucedía, pues generalmente los esposos no dormían juntos.
Tomó la manta y se acurrucó bajo ella para volver a dormir, pero un ruido llamó su atención. Voces. Voces airadas. ¿Pasaría algo? ¿Estaría Richard enfermo?
Ante este último pensamiento Madelynn se incorporó asustada. Si Richard se había enfermado de súbito tenía que estar con él. Rápidamente se levantó y se puso un camisón. No vio necesidad de prender una vela, ya que la luz de la luna se colaba por las ventanas y le permitía saber por donde iba. Al llegar a la puerta distinguió la voz de su esposo. Sus pies descalzos sobre la moqueta la guiaron por el pasillo hasta llegar a la puerta de ¿la habitación de Georgette?
-No puedo soportar el abandono en que me tienes -lloró Georgette. -Desde que esa llegó a esta casa ya no me buscas, no me tocas, no me besas, no me haces el amor.
La puerta estaba entreabierta y las voces eran completamente audibles. Madelynn no podía creer lo que escuchaba. De seguro ella no estaría hablando con su marido…
-Si mal no recuerdo, te repugnaba que te hiciera el amor -fue la respuesta airada de Richard.
De repente, el corazón de Madelynn comenzó a latir de manera desenfrenada. ¿Richard y Georgette, amantes? No podía ser, eran primos… bueno, primos lejanos… No, no podía ser. Tal vez era un mal sueño.
-Eso no tiene nada que ver. Me dijiste, me aseguraste, me juraste que nada cambiaría entre nosotros, pero me has engañado. Ahora pasas todas las noches con ella, no vas a tu cuarto, no vienes al mío. Me siento abandonada.
-Georgette, tienes las mismas comodidades que antes, técnicamente nada ha cambiado.
-Sí, todo ha cambiado. Te la pasas con ella de día y de noche. Ya no hablamos, ya no me buscas.
-Pensé que era eso lo que querías.
-¡Claro que no! Te extraño -dijo la mujer con voz lastimera acercándose a él. Puso sus manos sobre los hombros de Richard. -Bésame.
Richard estaba fastidiado. Georgette había tenido el descaro de entrar a su habitación –a la de su esposa- a despertarlo porque decía que tenía que comunicarle algo importante. Con molestia se había levantado abandonando el tibio lecho para enfrentarse con recriminaciones de una mujer que jamás lo había deseado.
-¡Suéltame! -le dijo alejándose. -Geogette, no sé qué pretendes.
-¡Que todo sea como antes!
-¡Todo es como antes!
-Claro que no. Ella se siente la dueña y señora.
-Ella es la dueña y señora, que no se te olvide que es mi marquesa.
-¿Y sabe ella los motivos por los cuales se convirtió en tu "marquesa"? -preguntó en tono despectivo. -¿Sabe ella que te casaste con ella por lástima?
"No" quiso gritar Madelynn desde donde escuchaba atenta.
Todo esto era un golpe. Su marido y Georgette amantes y ahora…
-Deja de decir estupideces -dijo Richard.
-Es la verdad.
Hubo un silencio y las lágrimas de dolor y miedo comenzaron a rodar por el dulce y acongojado rostro de Madelynn.
"Niégalo, Richard, dile que no es verdad, dile que me amas" rogó en silencio.
-¿De dónde sacaste eso? -preguntó él sorprendido debido a que no había contado sus sentimientos a nadie.
-Hice mis averiguaciones con los criados del viejo Buckhurst. Todos coinciden. Conocen la historia.
De nuevo se hizo un silencio. Madelynn no podía creer en todo lo que oía. No podía ser verdad.
"Richard, por favor, niégalo. Dile que te enamoraste de mí en cuanto me viste, igual que me pasó a mí, dile que me amas, por favor"
-¿Acaso vas a refutarlo? -continuó Georgette. -Mírame a los ojos y dime que no es verdad.
-Sí, es verdad.
"No" gritó el corazón de Madelynn. "No, no puede ser verdad, no".
Las lágrimas salían de sus ojos y su pecho se agitaba de forma desgarradora. Quería gritar, pedir explicaciones, o simplemente arrojarse al suelo y llorar hasta que ya no le quedaran fuerzas para nada.





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5 comentarios:

  1. Por fin lo terminé...
    Muchas gracias a quienes de una u otra manera me han ayudado e impulsado a continuarlo.
    Espero sea de su agrado.

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  2. Mary:
    Que emocionante que lo hayas finalizado.
    No lo he leido, pero sé que está precioso.
    Un beso y muchas felicidades.

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  3. Amiga, no tengo palabras para decirte cuanto te admiro y te felicito por esa bella capacidad de la palabra. No tengo que decirte que escribes genial, pues eso ya lo sabes. Me encanto este relato como los otros que has escrito y no te lo diria si no fuera verdad. Un beso y esperamos otro pronto.

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  4. No les había dicho que agradezco mucho sus palabras. :d

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