miércoles, 23 de enero de 2008

La Rosas de los Viernes por la Tarde

Subgénero: Contemporánea
Serie: Amor y Mentiras (2)
Protagonistas: Leonardo y Mariana
Año de publicación: 2009

E─BOOK
Amazon Digital Services
Formato: Kindle
Tamaño del archivo: 257 KB
Longitud de impresión: 118
ASIN: B005FG610C

Smashwords (Barnes & Noble, iTunes, Sony Reader, Kobo, Diesel, Paypal)
Formato: Kindle, Epub, PDF, LRF, Palm Doc.
Palabras: 37637
ISBN: 9781476486215


IMPRESO
CreateSpace (y Amazon)
Tamaño: 6" x 9"
Páginas: 116
ISBN/EAN13: 1477575790 / 9781477575796





Después de casi cinco años, Mariana ha olvidado el pasado y ha sanado las heridas de su alma y su corazón.
Entonces Leonardo del Valle decide reaparecer para atormentarla y reclamar lo que él mismo rechazó. Ha vuelto decidido a recordarle el pasado compartido hasta con los mínimos detalles como las rosas que le regalaba siempre los viernes en la tarde.
Y aunque Mariana ya lo ha desterrado de su corazón, no puede evitar recordar lo vivido y volver a experimentar los mismos sentimientos cada vez que lo ve. ¿Todavía lo ama? No puede ser. En el pasado le hizo mucho daño y ahora ha vuelto más decidido que nunca para inquietarla. ¿Entonces por qué no puede dejar de pensar en él?


Descargar los primeros capítulos


Comprar Ebook en


Comprar Impreso en


Fragmento del capítulo 2
−¿Te gustan? La voz tras ella la sacó de los recuerdos del pasado y la trajeron de nuevo al presente. Sin saber cómo, estaba ahora frente a la repisa de la sala en la que Sonia había colocado las rosas que recibió más temprano. Sabía que la pregunta de Leonardo se refería al regalo.
−Las rosas son hermosas… pero no me gustan por ser un regalo tuyo ¿qué pretendes con ellas? −le preguntó girándose hacia él para enfrentarlo.
−Agradarte. Sólo agradarte. Antes te gustaba que te regalara rosas los viernes en la tarde, te gustaban más que cualquier otra cosa. Pensé que ahora te agradarían.
−Pues no. No me gustan. El pasado es pasado y no hay que recordarlo ni revivirlo.
−Las estabas acariciando.
−Mi mente estaba en otro lugar. No vuelvas a enviarme rosas. Nunca. Ni los viernes, ni ningún otro día.
Leonardo se encogió de hombros sin responder.
−¿Desde cuándo te ves con Jessi? −preguntó ella. −¿Hace cuánto estás en el país? ¿Qué pretendes al entrar de nuevo a mi vida y a la de mi hija?
−Esas son demasiadas preguntas. Pero te las responderé −dijo sentándose en el sofá de la sala y señalando el puesto libre a su lado para que Mariana se uniera. Ella no se movió. −Hace seis meses volví al país. Supe que estuviste muy mal… casi mueres. Fui a verte al hospital.
−Y me dejaste un ramo de rosas.
−Exacto. ¿No lo recuerdas?
−Vagamente. Pensé que era un sueño… o más bien una pesadilla.
−Antes decías que adorabas soñar conmigo… −dijo él provocativo recordando una vez en que ella le había confesado que había tenido un sueño erótico con él.
Mariana se removió inquieta.
−El pasado es el pasado. Ahora lo que importa es el presente.
−Y el futuro.
−¿Qué quieres?
−A Jessica... He descubierto que tengo una hija hermosa e inteligente que me quiere y me necesita. He descubierto que ser padre es maravilloso y que Jessica es el regalo más lindo que me ha dado el cielo… y tú. Estoy dispuesto a lo que sea para ganarme el amor de mi hija y conservarla a mi lado.
−No puedes estar hablando enserio.
−Jamás he hablado más enserio en mi vida.
Esta vez fue Mariana quien tuvo que sentarse en el sofá. Estaba mortalmente pálida. No podía creer lo que estaba escuchando.
−No me la vas a quitar −dijo ella. −No puedes. Cualquier juzgado del mundo me dará la custodia. Soy su madre. Las niñas tienen que estar con su madre. Además puedo demostrar que tengo el suficiente dinero para que no le falte nada.
Leonardo se sentó junto a ella.
−¿Qué dices, Mariana? No pretendo quitarte a la niña, no soy tan ruin. Sé que Jessica te adora y sería muy desdichada sin ti. No quiero quitarte a nuestra hija, sólo quiero que la compartamos. Quitártela sería mi último recurso si no accedes a compartirla.
Mariana aún temblaba cuando lo miró de nuevo. ¿De qué hablaba entonces? ¿De una custodia compartida? ¿Seis meses cada uno? ¿De vivir cerca y verla los fines de semana?
−No sé de qué me hablas con certeza si no me dices lo que pretendes. Habla claro de una buena vez −dijo en un susurro cansado.
−Quiero que mi hija viva conmigo… pero que también viva contigo.
−Eso es imposible.
−No lo es, si te casas conmigo.





Lee aquí los primeros capítulos.
O descárgalos en tu formato favorito.











5 comentarios:

  1. Hola Mary!!!

    Solo para decirte que me gusto mucho este ultimo relato!!!
    Claro que Leonardo estaba bastante caído conmigo, pero al final se reformo :)

    Pero sobretodo me gusto mucho el epilogo...(suspiro) mucho mucho amor!!!

    Te quiero!!!

    Chaito^^

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Vane, me alegra que al fin Leonardo sea comprendido...

    ResponderEliminar
  3. Es una preciosa historia, mi segunda favorita despuès de Hermosa Impostora. Que protagonistas!!!

    ResponderEliminar
  4. Gracias amigas, me alegra que les haya gustado.

    ResponderEliminar

Los comentarios no están moderados, pero se eliminarán si es spam, propaganda o troll. Recuerda que "si no tienes nada agradable que decir, mejor no digas nada". Gracias.