lunes, 30 de septiembre de 2013

Corazones Lastimados



Subgénero: Contemporánea
Serie: Prisioneros, 1
Protagonistas: Fabián y Valeria
Año de publicación: 2013

E─BOOK
Amazon Digital Services
Formato: Kindle
Tamaño del archivo: 699 KB
Longitud de impresión: 286 pages
ASIN: B00FAHF2GA

Smashwords (Barnes & Noble, iTunes, Sony Reader, Kobo, Diesel, Paypal)
Formato: Kindle, Epub, PDF, LRF, Palm Doc.
Palabras: 92,870
ISBN: 9781301234608


IMPRESO
CreateSpace (y Amazon)
Tamaño: 5.5" x 8.5"
Páginas: 388
ISBN/EAN13: 1492397350 / 9781492397359


Cuando dos corazones lastimados se reencuentran pueden salvarse juntos por la magia del amor o condenarse para siempre bajo la venganza y el rencor.

Fabián tiene el corazón lastimado. Hace doce años fue enviado a prisión por la violación y asesinato de su novia. Fue la familia de la muchacha quien lo acusó con saña sin importar si era culpable o no, basándose en pruebas y testigos falsos. El joven se llena de odio y jura vengarse de todos ellos. Por eso ahora, después de demostrar su inocencia y recuperar su libertad, llega con un plan para hacerles pagar por todo su sufrimiento.
Valeria no merece la venganza de Fabián. Ella no tuvo la culpa de que sus padres lo acusaran por lo que le sucedió a su hermana, de hecho, ella también ha sido víctima del desamor y apatía de su familia desde siempre; también ella tiene el corazón lastimado. Se dice que no permitirá que se salga con la suya: ella también puede ser obstinada y luchar contra él, más si con su venganza busca herirla injustamente.
Sin embargo las cosas no siempre salen como se planean, y cuando el destino los lleva a transitar por caminos insospechados, Fabián y Valeria se dan cuenta de que juntos pueden sanar sus corazones, o permitir que el rencor los destruya para siempre.



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Fragmento del capítulo 8
—¿Qué quieres? —preguntó Valeria.
—Vengarme —respondió Fabián. No quería andarse por las ramas ni andar con titubeos, no había razón para ello.
—¿Vengarte? ¿De quién? ¿Por qué? —preguntó Valeria asombrada.
—¿Te parece poco? —preguntó él acercándose más a ella con una sonrisa irónica—. Pasé nueve años de mi vida en la cárcel, por culpa de todos ustedes, me condenaron por el asesinato de Lucía cuando yo era inocente y tú lo sabes bien.
Valeria bajó el rostro. Sí, ella sabía que Fabián era inocente, que había sido condenado injustamente, pero ¿qué tenía ella que ver en todo eso?
—Nosotros no fuimos culpables de que te condenaran —dijo ella mirándolo por fin.
—No puedo creer que seas tan cínica, Valeria —dijo él alejándose de nuevo mirando el lago.
—¿Cínica? —preguntó ella—. No sé por qué dices eso. Si tu abogado no fue tan hábil para demostrar que tú…
—¿Abogado? —preguntó él interrumpiéndola—. ¿Qué clase de abogado crees que tuve? ¿Acaso el más experto de los mejores bufetes? No tenía dinero y el estado me asignó un abogado, bastante joven y poco hábil, frente a los abogados que puso tu padre para fabricar testigos y pruebas contra mí.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—De tus padres. De los abogados que con falsedades mostraron que yo era un infeliz que acosaba a Lucía, que no tenía una relación con ella sino que la buscaba obsesionado hasta el punto de querer matarla en respuesta ante sus rechazos.
—¿Eso dijeron? —preguntó Valeria asombrada.
—Por Dios, Valeria, no finjas. Sabes perfectamente que tus padres, en especial tu madre se presentó llorosa ante el estrado atestiguando la infinidad de veces que Lucía le había hablado sobre mí, sobre mi insistencia, sobre mis llamadas, sobre mi acoso. También sabes que los amigos de Lucía ratificaron esa versión.
Valeria no lo podía creer. Su padre jamás le dijo cómo era que habían hallado a Fabián culpable, pero jamás se imaginó que ellos o los amigos de Lucía hubieran atestiguado contra Fabián. Recordó cómo esa tarde, antes de que la enviaran al extranjero, había encontrado a sus padres con el detective culpando a Fabián. No pensó que ellos seguirían con esa idea.
—No lo sabía —dijo ella.
Fabián la observó. Parecía tan inocente. Pero no se dejaría engañar, no más engaños de ninguna clase.
—¿No lo sabías? —preguntó él irónico—. De seguro tampoco sabías que cuando te preguntaron por mi relación con tu hermana dijiste que no éramos nada, incluso, dijiste que no me conocías. ¿Tampoco sabías eso, Valeria?
Valeria se sobresaltó.
—Yo… yo… dije eso cuando todos pensábamos que mi hermana estaba secuestrada… yo tenía miedo… ella me había prohibido hablar de su relación contigo, pensé que si volvía y se enteraba de que yo había dicho algo se enfadaría conmigo, arremetería contra mí como lo hacía siempre —respondió algo temerosa, como si otra vez fuera la chica de catorce años atemorizada por la reprimenda de su hermana mayor.
—Sí, claro, seguro —dijo él asintiendo irónico, dejando ver que no creía nada.
¿Cómo iba a creerle? Era igual que sus padres. Había mentido de seguro porque le avergonzaba que su hermana se juntara con un pobre diablo como él, o quizás para unirse al complot de su familia entera.
—Es la verdad —dijo ella acercándose a él—. Tienes que creerme.
—Pues no te creo nada, eres igual que tu familia, igual que tus padres.
—Así que como nos has condenado, regresas a vengarte —dijo Valeria.
—Así es, quiero que ustedes paguen por mis nueve años en prisión, por todo lo que tuve que vivir y sufrir en un lugar que está más hecho para terminar de podrir a la gente en vez de resocializarlos.
Fabián se acercó a ella y quedó a pocos centímetros. La miró a los ojos, notó el desconcierto y el temor en esa mirada, pero deliberadamente los ignoró, no dejaría que nada ni nadie lo conmoviera. Su pose era falsa, tan falsa como sus palabras, como todo lo que había sucedido en el pasado. Ella estaba tratando de lograr, con su carita de niña buena, con sus hermosos y grandes ojos, que él olvidara su venganza pero no lo iba a lograr, debía concentrarse en sus motivos para odiarla, para odiarlos a todos.
—¿Sabes que es despertar cada día pensando qué peligros traería mi nueva vida? ¿Sabes que es sentirse solo, desamparado, sin el apoyo de tu familia, lejos de todo lo que conoces?
"Sí, Fabián, sí sé qué es eso, porque aunque la jaula en la que yo estaba era de oro, era una jaula al fin y al cabo, y también estaba así, sola desamparada, sin familia, lejos de todo y sin saber qué traería el futuro. Sí, Fabián, claro que sé lo que es eso" se dijo Valeria.






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