miércoles, 3 de junio de 2009

El que persevera alcanza

Dice un dicho que la constancia vence lo que la dicha no alcanza. Dice otro que el que persevera alcanza.
En muchos casos estos viejos adagios se llegan a cumplir. Hoy estos se han cumplido para mí.
Desde hace casi un mes he intentado colocar un menú desplegable en este blog. Después de veintitrés intentos, en cinco formas y modelos diferentes, veintidós fracasos, muchas desilusiones y varias horas navegando lo logré. Busqué información en muchos sitios, lo intenté de muchas maneras y fracasé veintidós veces, y a la siguiente por fin lo logré. Debo confesar que muchas veces sentí que no sería capaz, que tendría que dejarlo ahí y olvidarlo, pero sacaba fuerzas de no sé dónde para insistir, pensaba que si otros lo habían logrado, yo también podría y funcionó. Finalmente lo logré.
Ya sé que puede sonar como una tontería, pero esto me ha dejado una enorme lección de vida. Se debe ser constante si se quiere lograr algo, sea un anhelo de grandeza, o sea una “tontería” como en este caso. Entendí que lograrlo, no depende del destino, de la vida, de las circunstancias, sino del empeño que se ponga en ello, de levantarse una y otra vez cuando se cae al suelo –aunque las heridas sangren- hasta lograrlo finalmente. No siempre es fácil: algunas veces hay obstáculos, tropiezos, pesimismo y frustración. Pero hay que perseverar hasta lograrlo, hasta tener la satisfacción de por fin cumplir ese sueño grande o pequeño, y a veces, el resultado se valora más que cuando se ha logrado fácilmente. Al final queda la satisfacción de haber “ganado” de haber vencido a las adversidades, y por supuesto queda el aprendizaje.
Cuando Thomas Edison inventó la bombilla, lo logró después de mil intentos y alguien le preguntó que qué se sentía haber fracasado mil veces: él respondió “no fracasé mil veces, encontré mil maneras de no hacer una bombilla”. Ahora, yo puedo decir “encontré veintidós maneras de no colocar un menú desplegable en un blog”.
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